En octubre de 2023, desde Feministes de Catalunya organizamos un directo en Instagram con Marina Marroquí, educadora social y experta en violencia machista, para analizar a fondo la serie documental Generación Porno, coproducida por TV3 y EITB. A la conversación también se sumó Lluna Porta, madre de uno de los adolescentes participantes, que –al igual que Marina– se sintió engañada y profundamente decepcionada con el resultado final de la producción.
Una serie documental con graves carencias
La versión emitida por TV3 consta de 4 capítulos:
Capítulo 1: El peso de los referentes
Los adolescentes explican cómo y por qué accedieron por primera vez al porno, qué edad tenían y qué vieron. Este primer contacto no es anecdótico: marca profundamente su visión de las relaciones y el deseo, todo ello sin filtro crítico ni apoyo adulto. El capítulo retrata a una generación expuesta a imágenes violentas y machistas como principal fuente “educativa” sobre sexualidad.
Capítulo 2: La presión social
Se analiza cómo la hipersexualización de la cultura juvenil -a través de videoclips, redes, videojuegos y música- refuerza roles de género violentos y normaliza la sumisión de las chicas. También interviene Montse Escudé, inspectora y portavoz de los Mossos d’Esquadra, que alerta sobre los riesgos de contactar con desconocidos a través de las redes sociales, el perfil de los agresores sexuales y el repunte de delitos de carácter sexual cometidos por menores.
Capítulo 3: La mala educación
Este episodio pone de manifiesto la ausencia de educación sexual afectiva en las escuelas y en las familias. Mientras, la pornografía actúa como principal referente. El documental plantea si esto puede estar relacionado con el incremento de la violencia sexual entre adolescentes. Sin embargo, vuelve a dar voz a miembros de la industria pornográfica, como si fueran agentes válidos para participar en el debate educativo.
Capítulo 4: Noche temática con Laura Rosel
Un debate televisado con adolescentes, familias, algunas voces expertas y, de nuevo, representantes de la industria del porno. El espacio, que pudo servir para visibilizar las consecuencias reales del porno y la necesidad de una educación feminista y abolicionista, acabó siendo una plataforma para legitimar discursos que blanquean la violencia sexual bajo el paraguas de la “ficción” o la diversidad sexual. Familias participantes denunciaron públicamente manipulación y traición al formato previsto.
Una oportunidad desperdiciada
Tanto Marina como Lluna destacan que se perdió una ocasión de oro para visibilizar el impacto real del porno entre adolescentes y para ofrecer herramientas útiles a las familias. El documental, lejos de mostrar la gravedad del problema, minimiza las consecuencias y legitima una industria basada en la humillación y objetificación de las mujeres.
Ninguna voz feminista abolicionista tiene cabida, ni siquiera como contrapunto crítico. No aparecen referentes como Mónica Alario, Rosa Cobo o la Red Académica de Estudios sobre Pornografía y Prostitución. Sin embargo, se llega a sugerir que actores porno hagan educación sexual en las escuelas.
El porno no es ficción, es violencia
La pornografía no es una representación simbólica: es violencia sexual grabada. La mayoría de los vídeos se publican sin consentimiento, educando en desigualdad, agresividad y sumisión. Los vídeos más consumidos son precisamente los más violentos, lo que tiene consecuencias reales, como demuestran los datos oficiales actuales sobre violencia sexual entre menores.
Según la Fiscalía de Barcelona, durante 2022 las agresiones sexuales cometidas por menores aumentaron un 32,5%, y los abusos sexuales, un 32,3% respecto al año anterior (datos publicados en 2023). Este incremento se produce en paralelo a una exposición cada vez más temprana a la pornografía.
De hecho, según un informe de Save the Children (2023), los niños tienen el primer contacto con pornografía a los 8 años, y a partir de los 12 años ya hacen un uso frecuente. El mismo estudio revela que casi 7 de cada 10 adolescentes (entre 13 y 17 años) consumieron porno en el último mes. Y, según un reportaje publicado en El País en junio de 2025, el 53,8% de los jóvenes de entre 12 y 15 años afirma que su primer acceso a contenidos pornográficos se produjo entre los 6 y los 12 años.
Estos datos no dejan lugar a dudas: la pornografía forma parte del entorno digital cotidiano de los niños y niñas, y su influencia sobre el desarrollo sexual y afectivo de los jóvenes es tan inmediata como destructiva.
Lo que TV3 ha obviado: orientación y protección
Ante este contexto, Marina Marroquí ofreció durante el directo una serie de recomendaciones que deberían estar en el centro del debate:
- Formación en escuelas y familias con profesionales expertas.
- Retirar o limitar el uso de móviles a menores de 18 años.
- Evitar el uso de pantallas en las escuelas y regular el acceso a contenidos para adultos.
- Fomentar una educación sexual feminista, basada en la empatía, el deseo libre y el respeto mutuo.
- Estar presentes en las redes donde se encuentran los niños: un 29% de chicas de 13 años reciben “fotopollas” cada semana.
- Crear espacios de detección de violencia sexual infantil, actualizar los equipos psicopedagógicos y romper el silencio.
Este directo de Instagram con Marina Marroquí no sólo fue un espacio para denunciar las graves carencias de esta producción, sino también para reivindicar la necesidad urgente de una perspectiva feminista que ponga en el centro la protección de la infancia y la erradicación de la violencia sexual normalizada contra las mujeres y las niñas.
No podemos aceptar que la televisión pública actúe como altavoz de la industria pornográfica. Continuaremos señalándolo, poniendo palabras y abriendo camino para construir una vida digna, libre y segura para todas las mujeres y niñas del mundo.