WikiFeminista

Para entender la realidad y los sucesos que nos rodean es necesario que los podamos nombrar y definir con claridad, y con este objetivo nace la WikiFeminista.

La WikiFeminista es un recurso a modo de diccionario que hemos creado desde Feministes de Catalunya con la intención de contribuir a la divulgación de los conceptos que el feminismo utiliza para entender y analizar la realidad y denunciar la desigualdad entre hombres y mujeres. La WikiFeminista es un diccionario vivo y que está en constante ampliación gracias al trabajo de nuestras miembras.

Sexo

Conjunto de características biológicas naturales determinadas por los cromosomas sexuales XX y XY. La especie humana, como todas las especies mamíferas, se caracteriza por el dimorfismo sexual, es decir, los individuos se conforman en dos tipos sexuales, hembras y machos, cuyo apareamiento es necesario para la reproducción. Hombres y mujeres se diferencian por caracteres sexuales primarios (sistema reproductor) y secundarios (aspecto físico externo, funcionamiento de los órganos, etc.) con hormonas sexuales diferenciadas para su funcionamiento. Las hembras tienen órganos reproductores internos (ovarios y útero) y producen gametos grandes (óvulos). Los machos tienen órganos reproductores externos (pene y testículos) y producen gametos pequeños (espermatozoides). Durante la gestación se pueden producir alteraciones cromosómicas u hormonales con una incidencia muy baja (inferior al 1%).

Género

Conjunto de características culturales artificiales, construidas e impuestas en cada sociedad y época a mujeres y hombres en función de su sexo, con el objetivo de producir, reproducir y justificar la posición subordinada de las mujeres. El género se impone a las personas por medio de la socialización diferenciada y la violencia directa e indirecta, no es una identidad o un sentimiento. El sistema sexo-género actúa a partir de cuatro componentes:

  • Estatus: valor social y poder diferencial que condiciona el acceso a la autonomía y el bienestar material. Con pocas variaciones, se atribuye a los hombres un estatus central y dominante y las mujeres un estatus subalterno y dependiente.
  • Roles sociales: la división sexual y social del trabajo. En nuestra sociedad, tradicionalmente, se ha atribuido a las mujeres las tareas de cuidado, el trabajo reproductivo o el espacio privado, y a los hombres la provisión, la producción o el espacio público.
  • Comportamientos esperados: actitudes y conductas promovidas por la socialización diferenciada de conformidad con los estatus y roles sociales reservados a mujeres y hombres. Por ejemplo, esperar obediencia y emocionalidad de las mujeres y liderazgo y racionalidad de los hombres, y al mismo tiempo reprimir en unas y otros los comportamientos contrarios a los que se esperan.
  • Marcadores: modificaciones físicas o estéticas diferenciadas en mujeres y hombres que varían según la cultura o la moda. Por ejemplo: cabello corto o largo considerado de hombres o de mujeres, practicar circuncisión a los chicos y cliteridectomia a las chicas, perforaciones de diferentes partes del cuerpo, asignar tipo de vestido o complementos diferenciados en mujeres (velos que cubren partes del cuerpo, colores específicos según estatus marital…) y en hombres (kipa entre judíos ortodoxos, turbantes entre árabes y sikhs…) etc.

El feminismo cuestiona estas imposiciones y limitaciones artificiales y violentas del sistema de sexo / género y aspira a su abolición para superar la desigualdad entre hombres y mujeres.

Patriarcado

Sistema universal de poder de los hombres (dominación masculina) que impregna todas las esferas de la sociedad y que se reproduce a través de múltiples formas de violencia contra las mujeres, de forma directa o indirecta (material o simbólica). Como resultado, las mujeres se encuentran en una situación de opresión estructural en las esferas sexual, reproductiva, familiar, laboral, jurídica, económica, política, etc., y sufren un acceso desigual a los recursos que produce la sociedad. La filósofa Alicia Puleo distingue entre el patriarcado de coerción (donde la desigualdad es legal) y el patriarcado de consentimiento (donde las prácticas culturales persisten a pesar de la igualdad formal).

Androcentrismo

Perspectiva que sitúa a los hombres en el centro y como medida de todas las cosas, es decir, como ser humano y aspiración universal, y presenta lo «masculino» como aspiración de forma implícita o explícita. Por ejemplo, una perspectiva androcéntrica es identificar los síntomas de un infarto a partir de los que presentan los hombres, aunque las mujeres tienen síntomas totalmente diferentes. O bien que se fabriquen los coches considerando la seguridad en función de la anatomía masculina. O que se considere problemático que las chicas no elijan carreras de ciencias experimentales y tecnologías pero no que los chicos tengan una baja representación en carreras de cuidado e intervención social. Las mujeres sufren el impacto del sesgo androcéntrico a todos niveles. La periodista Caroline Criado Perez recoge múltiples ejemplos de androcentrismo en las políticas públicas, las estadísticas y las percepciones sociales en el libro La mujer invisible. Descubre cómo los datos configuran un mundo por y para los hombres (2019).

Sexismo

Visión y trato diferencial a hombres y mujeres en función de prejuicios basados ​​en las atribuciones artificiales del sistema de género. El sexismo es el marco mental que interpreta y valora de forma diferencial y desigual qué es adecuado en un hombre o en una mujer, desde creer que hay juguetes de niña y juguetes de niño, hasta el hecho de considerar normal que una mujer llore (comportamiento esperado del género femenino-emocional) mientras que en un hombre se consideraría señal de debilidad. A la inversa, si una mujer grita se considera un comportamiento agresivo pero si lo hace un hombre se verá como señal de autoridad. Los psicólogos sociales Peter Glick y Susan T Fiske distinguen entre sexismo hostil (prejuicio que considera a las mujeres inferiores en un tono afectivo-negativo) y el sexismo benévolo (prejuicio que considera a las mujeres débiles y necesitadas de protección en un tono afectivo-positivo). La psicóloga Laura Redondo profundiza en esta conceptualización en el artículo “Lo que el género esconde: el sexismo”.

Machismo

Actitud de desprecio y trato discriminatorio hacia las mujeres que forma parte de la violencia estructural que se ejerce contra ellas por el simple hecho de ser mujeres y para mantener su posición subordinada, legal o culturalmente. Herramienta de disciplinamiento de las mujeres en su estatus inferior impuesto por las leyes o por las prácticas socioculturales.

Misoginia

Odio, aversión, desconfianza, miedo o prejuicio hacia las mujeres, que se manifiesta en cualquier contexto, privado o público. El pensamiento misógino está presente en la cultura a través de las creencias religiosas y la cultura popular de todos los tiempos, y también en el arte y la literatura, la filosofía, el derecho, las ciencias, los medios audiovisuales, etc. Numerosas culturas y tradiciones han creado su propia mitología de la mujer malvada, que busca perjudicar a los hombres o aprovecharse de ellos seduciéndolos y manipulándolos sexualmente. La idea, profundamente arraigada, de que las mujeres representan un peligro latente para los hombres es un puntal ideológico del sistema patriarcal, ya que justifica la necesidad masculina de controlarlas y someterlas. La misoginia es parte de la deshumanización que convierte a las mujeres en cosas.

Masculinidad hegemónica

Concepto de la socióloga RW Connell que identifica aquellas actitudes y prácticas consideradas ideales entre hombres en una sociedad, cultura y época, que perpetúan la desigualdad de género y que implican tanto la dominación de los hombres sobre las mujeres como el poder de unos hombres sobre otros. Por ejemplo, el deporte masculino es el que domina todas las noticias tanto si es masivo como minoritario, o los grandes chefs y modistos son hombres, y se considera natural que dominen estos campos, aunque la mayoría de modistas y cocineras del mundo son mujeres.

Cosificación (convertir en cosas)

Proceso de deshumanización y reducción a objetos de las mujeres, sus cuerpos y su imagen, a disposición de la sociedad patriarcal y el dominio masculino. En la práctica es lo contrario de la consideración de las mujeres como seres humanos de pleno derecho. Todas las prácticas y representaciones vinculadas a la explotación sexual y reproductiva parten de la cosificación de las mujeres, reducidas a cuerpos y funciones biológicas. La cosificación es la condición previa a la mercantilización.

Mercantilización de los cuerpos de las mujeres

Conversión de los cuerpos de las mujeres o de sus funciones biológicas en una mercancía de consumo. Los cuerpos de las mujeres sufren una doble mercantilización: una mercantilización sexual por parte del sistema prostitucional y las actividades que la promocionan, como la pornografía, y una mercantilización reproductiva por parte de las agencias de vientres de alquiler y de las clínicas de reproducción asistida que comercian con la extracción de óvulos. La aceptación social de la mercantilización del cuerpo de las mujeres es una consecuencia de la ideología neoliberal, que mercantiliza todos los aspectos de la vida a través de transformar los deseos en derechos a cambio de dinero (los deseos sexuales de los hombres de todas las clases sociales y el deseo de tener hijos biológicos de hombres y mujeres de clases medias y altas).

Interseccionalidad

Concepto acuñado en EEUU por la jurista Kimberlé Crenshaw en 1989 y popularizado después por la filósofa Angela Davis. En relación directa con el fuerte racismo y desigualdad económica entre la población blanca y la negra en aquel país, el concepto propone la necesidad de tratar la cuestión de la desigualdad sexual con relación a la desigualdad racial y de clase. Así, una persona puede sufrir varias opresiones simultáneamente, como una mujer negra y pobre; o bien formar parte del grupo oprimido en un sentido y del grupo opresor en otro, como un hombre negro y rico. A estas intersecciones entre las opresiones por razón de sexo, raza y clase se les añade otras discriminaciones, como la discriminación por razón de orientación sexual, nacionalidad, religión, edad o discapacidad. No se trata de una simple suma de opresiones y discriminaciones o, por el contrario, de privilegios: la interseccionalidad se refiere a la complejidad de la posición que ocupan individuos o grupos en contextos sociales e históricos específicos y que es atravesada por diversos sistemas de dominación y discriminación. 

Coeducación

Educación en y para la igualdad real y efectiva entre mujeres y hombres, libre de androcentrismo y sin limitaciones sexistas en ningún aspecto del aprendizaje y la participación escolar: currículum, materiales, espacios, organización escolar, práctica docente y relaciones sociales en la escuela. La coeducación persigue la eliminación de los obstáculos y los mecanismos de desigualdad por razón de sexo y la erradicación de las actitudes y valores machistas que reproducen todas las formas de violencia contra las niñas y las mujeres, contrarrestando la presión de los agentes socializadores externos a la escuela. Si bien la escuela mixta supone un avance frente a la escolarización segregada y diferenciada por sexos, tiende a reproducir la cultura sexista y machista de la sociedad si no se compromete en la práctica con la coeducación. La coeducación (o educación feminista, como la denomina la socióloga Marina Subirats) es aún una asignatura pendiente, aunque tanto las leyes educativas (Ley Orgánica 3/2020, de 29 de diciembre, de Educación) como otras leyes clave para la agenda feminista (Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, Ley Orgánica 3/2007, de 22 de marzo, para la igualdad efectiva de mujeres y hombres) inciden en la importancia de la coeducación para lograr sus fines.

Feminismo

Teoría política revolucionaria y movimiento social y político de emancipación social. Como teoría política, analiza los mecanismos que producen la desigualdad entre los sexos y la subordinación de las mujeres en el mundo. Como movimiento organizado, lucha por la emancipación de las mujeres y la igualdad legal y real, material y efectiva, entre mujeres y hombres, proponiendo una agenda de carácter internacional. Desde la época medieval y moderna ya se cuestionaba la supuesta inferioridad natural de las mujeres y su sometimiento a los hombres, pero fue a partir de la Ilustración cuando el feminismo se articuló de acuerdo con la reivindicación de la ciudadanía y la libertad de las mujeres y la igualdad de derechos entre mujeres y hombres. Las diversas olas feministas han hecho avanzar los derechos políticos y sociales de las mujeres, logrando erradicar en algunos países muchas ideas y prácticas culturales sexistas y androcéntricas. Las reivindicaciones feministas siempre se centraron en el acceso a la educación, el derecho a los propios hijos/as, la independencia económica, el derecho al voto, la igualdad salarial, y los derechos sexuales y reproductivos, como la anticoncepción y el aborto, denunciando la violencia machista y la explotación sexual de las mujeres. Sin embargo, la agenda feminista sigue pendiente en gran medida y en muchos lugares, y debe hacer frente continuamente a las reacciones del patriarcado para perpetuar la subordinación sexual, social, política, económica, simbólica y cultural de las mujeres.

Terrorismo machista

Régimen de dominación y subyugación directa o indirecta de las mujeres que provoca un estado de miedo, de angustia y de sensación permanente de peligro mediante la amenaza constante de la violencia machista en sus diferentes formas, incluida la violencia sexual. De este modo, se induce a las mujeres a un estado de alarma que, de manera efectiva y continua, las inhibe de vivir en libertad y condiciona, de forma consciente o inconsciente, sus comportamientos en situaciones cotidianas y en sus relaciones con los hombres. También las advertencias bienintencionadas de peligro por parte del entorno contribuyen a generar este estado de alarma constante. Esto se conoce como el síndrome de la caperucita roja. Efectos del terrorismo machista son tener miedo de noche yendo sola por la calle o en transporte público, no vestir de cierta manera, no ir a ciertos lugares, avisar cuando has llegado a casa, autocensurarse por miedo a represalias, no viajar sola, etc. El terrorismo machista también se ha utilizado sistemáticamente como arma bélica, por ejemplo en forma de violencia sexual sistemática contra las mujeres del grupo considerado enemigo como objetivo específico. Casos históricos son la Guerra de los Balcanes, la Guerra Civil Española, Ruanda, Manchuria, etc., así como el terrorismo feminicida de Ciudad Juárez, que forma parte de la guerra no reconocida ‘del narco’ en México.

Síndrome de la impostora

Fenómeno psicológico de falta de confianza en sí mismas que afecta especialmente a las mujeres y, en general, a las personas en posiciones sociales subalternas. Consiste en la internalización de las expectativas sociales negativas sobre las propias capacidades y méritos cuando las mujeres ocupan puestos de responsabilidad laboral, académica o política tradicionalmente ocupados por hombres. Este síndrome produce inseguridad y angustia, y genera un gran desgaste por la alta autoexigencia que conlleva para las mujeres porque piensan que ocupan un lugar que no les corresponde. Asimismo, acaba funcionando como una profecía autocumplida ante los posibles fracasos, lo que dificulta su gestión. Y en los casos más extremos, termina llevando las mujeres al autoboicot para evitar el éxito. Véase, por ejemplo, «El síndrome de la impostora. Por qué las mujeres siguen sin creer en ellas mismas» (Península), de la periodista Elisabeth Cadoche y la psicoterapeuta Anne de Montarlot.

Techo de cristal

Expresión que se utiliza para ilustrar las barreras invisibles que impiden a las mujeres progresar hasta puestos directivos o de mayor responsabilidad y liderazgo en entornos en los que compiten con hombres (mundo laboral, político, asociativo, etc.). El techo de cristal existe a causa de los prejuicios misóginos y los mecanismos sexistas que esos entornos reproducen y que, por defecto, no las tienen en cuenta, a pesar de su cualificación o capacidad. Es una expresión atribuida a Marilyn Loden (1978). Las políticas de discriminación positiva, como la contratación equilibrada de personal o las cuotas para promover la paridad en las listas electorales, son fundamentales para luchar contra el techo de cristal.

Suelo pegajoso

Complementario al concepto techo de cristal (que designa las barreras invisibles que encuentran las mujeres para progresar en cualquier ámbito por prejuicios sexistas), el suelo pegajoso se refiere al hecho de que las mujeres perciben como propias las responsabilidades domésticas y de cuidado, lo que les impide desarrollar todo su potencial laboral y personal. Interiorizar esta presión social las empuja a realizar dobles jornadas laborales (fuera y dentro de casa) sufriendo el síndrome de la supermujer (superwoman), o bien a renunciar al mercado laboral y a la participación social en todos los ámbitos. Ambas situaciones resultan frustrantes y limitadoras, y repercuten en un empeoramiento de la salud física y mental de las mujeres. Además, esto provoca que las mujeres sean mayoría en posiciones laborales de rango inferior, ocupaciones menos cualificadas, mal pagadas, menos estables y a tiempo parcial, y que se reproduzca la dependencia económica de las mujeres, a pesar de asumir desproporcionadamente las tareas domésticas y de cuidado imprescindibles para el mantenimiento de la sociedad.

Acantilado de cristal

Fenómeno que explica por qué las mujeres están sobrerrepresentadas en las posiciones de liderazgo en tiempos de crisis, en situaciones en que tienen mayores probabilidades de fracasar, ya que su sacrificio, si fracasan, se considera un coste menor para el colectivo que si lo hace un hombre (Ryan y Haslam, 2005). Para las mujeres, en contextos de política y de grandes empresas, el coste de oportunidad de retirarse en esos momentos es más elevado porque es posible que no tengan otra oportunidad, mientras que para los hombres sí puede haberlas, si se esperan. Un ejemplo histórico es el inicio de la carrera política de Margaret Thatcher cuando, ante los efectos de la crisis del petróleo en el Reino Unido, se la eligió como candidata de los conservadores para llevar a cabo el desmantelamiento neoliberal del estado del bienestar, con gran malestar social y grandes costes políticos. Otro ejemplo es tras la dimisión de Cameron, ante la incertidumbre para hacer efectivo el Brexit, se eligió a otra mujer, Teresa May. Ver también el artículo de Sara Berbel en eldiario.es “Davant un penya-segat de vidre”.

Escalera rota

La escalera rota está relacionada con el techo de cristal y se refiere al hecho de que las mujeres ya se ven discriminadas en los primeros estadios de sus itinerarios laborales o carreras profesionales. En igualdad de condiciones, con la misma formación media o siendo principiantes, las mujeres suelen quedarse estancadas y no consiguen promociones porque las interrupciones laborales (maternidad, conciliación, cura, etc) las penalizan. La investigación revela que esto no es debido ni a una cualificación menor ni a una menor ambición: las mujeres no solamente experimentan los prejuicios que actúan como barreras para llegar a los puestos más altos sino que también obstáculos que las afectan en los primeros peldaños y por los mismos motivos, es decir, menos expectativas sobre sus capacidades, aspiraciones y compromiso con el trabajo.