Industria pornográfica

La pornografía es un producto audiovisual que promueve la excitación sexual masculina basada en la erotización de la violencia contra las mujeres y es indisociable de la prostitución. La pornografía explota a mujeres y las representa como objetos de placer para los hombres, afecta negativamente a las relaciones personales de quienes la consumen e impacta en el conjunto de la sociedad al crear un imaginario colectivo que vincula el sexo y la violencia contra las mujeres. Por todo ello, las feministas queremos erradicar esta industria criminal de producción masiva de contenidos audiovisuales de violencia sexual y alertar sobre su impacto negativo.

En esta página respondemos a preguntas como: ¿Qué tiene que ver el porno con la prostitución? ¿Cómo se relaciona la pornografía con la violencia sexual? ¿Cómo influye el porno en la sexualidad de las personas, y de los hombres y niños en concreto?

Aquí encontrarás las claves de la crítica feminista que hacemos de la pornografía, además de recursos y materiales diversos para profundizar en esta forma de explotación sexual que ha tenido un crecimiento exponencial con la digitalización.

¿Por qué el porno es explotación sexual?

Como dijo Evelina Giobbe, la pornografía son las imágenes de la prostitución. La producción de una escena pornográfica solo se diferencia de la prostitución en el hecho de que hay una cámara que está grabando. El término “pornografía” viene del griego “porné”, que significa prostituta; y “graphein”, que significa escribir o representar. Está intrínsecamente ligada a la explotación sexual de mujeres, y también al desarrollo de la tecnología audiovisual, desde la invención de la fotografía hasta Internet.

La pornografía es un producto audiovisual extraído de la explotación sexual, constituyendo un potente negocio global basado en producir y vender contenidos audiovisuales que muestran actos sexuales de manera explícita con el fin de producir excitación sexual en quien los consume, en su mayoría hombres y niños, y que tiene que ofrecer contenido nuevo constantemente.

La pornografía también es la puerta de entrada para las mujeres en situaciones de vulnerabilidad a las redes de trata con fines de explotación sexual. Las mujeres utilizadas en pornografía presentan daños físicos y psicológicos similares a los sufridos por aquellas que fueron captadas por proxenetas. Según National Human Trafficking Hotline, la pornografía ocupa el tercer lugar de las formas más habituales de explotación sexual tras los servicios de scort y masajes eróticos, e incluyen tácticas de coerción y amenazas psicológicas en un 59% de los casos y amenazas físicas en un 41%, como han señalado Feehs, K., & Wheeler, A. C (2021).

Son ya numerosos los artículos, las noticias y las causas legales abiertas que reflejan la conexión de la pornografía con la explotación sexual. Numerosos casos de denuncias ponen de manifiesto cómo vídeos pornográficos ilegales son obtenidos bajo amenazas, intimidación, violencia o violaciones. Una vez que este contenido es subido a la red, es imposible tener control sobre él o conseguir su retirada. Cuando las mujeres acceden a ser grabadas pierden los derechos de esas imágenes y sus vídeos seguirán siendo reproducidos mientras generen dinero a pesar de reclamaciones o denuncias. 

Ejemplos de la estrechas conexiones del porno con la explotación sexual y la prostitución son el caso Mindgeek, la industria criminal de la pornografía; y también el caso de GirlsDoPorn, que ofrecía trabajos de modelo a chicas que luego eran coaccionadas y amenazadas para realizar grabaciones pornográficas.

Decir que las mujeres tienen el derecho de venderse es enmascarar que los hombres tienen el derecho a comprarlas

Françoise Héritier, antropóloga francesa

El porno y la cultura de la violación

El contenido de la pornografía más consumida incluye agresiones contra mujeres tan brutales como el ahogamiento, que en otros contextos sería considerado como tortura; y también agresiones, golpes, insultos o humillaciones como escupir u orinar en la cara. Los títulos de las escenas pornográficas remiten habitualmente a actos de violencia contra el cuerpo de las mujeres con términos como “destrozar” o “reventar”.

La pornografía es la erotización de la violencia contra las mujeres, convirtiendo dicha violencia en algo sexualmente excitante para los hombres, acorde con la socialización y la sexualidad patriarcal. Según estudios como los de la socióloga Gail Dines, el 90% de las escenas pornográficas más accesibles contienen al menos una escena donde se combinan la violencia física y verbal. 

La pornografía normaliza la violencia contra las mujeres asociándola al placer sexual masculino, a la idea de que eso es lo que queremos las mujeres, reforzando la idea patriarcal de que cuando decimos que no en realidad queremos decir que sí. Estos contenidos no pueden estar más lejos de unas relaciones sexuales sanas, de igualdad y respeto entre mujeres y hombres.

La pornografía promueve la cultura de la violación porque presenta a las mujeres en un plano de inferioridad, cosificadas y reducidas a partes de su cuerpo – genitales, ano, pechos, boca – a disposición de los hombres. Esa violencia sexual y física que hombres ejercen sobre mujeres es deliberadamente confundida con el sexo y la sexualidad, transmitiendo la idea de que la sexualidad es poder y dominio masculino sobre las mujeres.

La pornografía limita la capacidad de los hombres de tener relaciones íntimas, aumenta las posibilidades de acoso sexual y violación y la participación en conductas sexuales de riesgo. Por lo tanto, la pornografía impide las relaciones de igualdad entre hombres y mujeres, favorece la cultura de la violación y la violencia contra las mujeres, y dificulta que los hombres sean capaces de tener relaciones con las mujeres basadas en la igualdad y el placer mutuo.

Los testimonios de las “actrices” porno

En los últimos años, mujeres que han sido sexualmente explotadas a través de la pornografía han hablado para exponer la realidad de esta industria audiovisual. Sus testimonios dan cuenta de la naturaleza criminal organizada y la violencia contra las mujeres consustancial a la pornografía, además de los graves efectos en la salud física y mental de aquellas que se han visto empujadas a participar en ella. 

Los testimonios de Alexa, Jessi, Jan, Jessie y Jenna que se transcriben a continuación provienen de Fight The New Drug:

Alexa: “Una de mis respuestas favoritas cuando me preguntaban si me gustaba hacer una escena en concreto era: ‘¡Yo solo hago lo que me gusta! ¡No lo haría si no me gustara!’ Esto lo decía con una gran sonrisa falsa y una risita (…). Hice lo que tenía que hacer para entrar en el porno, hice lo que sabía que me haría ganar ‘fama’ en la industria”. Conoce más su historia aquí

Jessi: “Fue la cosa más degradante, vergonzosa y horrible. Tuve que grabar un DVD interactivo, que lleva horas y horas de tiempo de rodaje, ¡con una fiebre de 40 grados! Estaba llorando y quería irme, pero mi agente no me dejaba, me dijo que no podía dejar que me escaqueara. También hice una escena en la que me pusieron con actores hombres (male talent) que estaban en mi ‘lista de no’. Quería complacerlos, así que lo hice. Me pisó la cabeza… Me asusté y comencé a balbucear; dejaron de filmar y me enviaron a casa con un salario reducido ya que obtuvieron alguna toma pero no toda la escena”.

Jan: “Tenía que hacer lo que quisiera el productor y tenía que aceptarlo o no me pagaría. A veces, conseguía un curro y el productor cambiaba lo que iba a ser la escena a algo mucho más intenso y de nuevo, si no te gustaba, se siente, o lo haces o no cobras”. 

Jessie: “Lo dejé por el trauma que sufrí aunque solo estuve ahí poco tiempo. Traté con muchas personas de la industria y todas, desde chicas de contrato hasta actrices gonzo (contenido porno donde no hay narración, ni historia, tan solo sexo), tenían los mismos problemas. Todas las personas estábamos metidas en drogas. Es un estilo de vida vacío que intenta llenar ese hueco. Me volví terriblemente adicta a la heroína y el crack. Tuve sobredosis al menos 3 veces, me amenazaron con cuchillos, me dieron palizas hasta dejarme medio muerta…”. 

Jenna: “Fue tortura durante 7 años. Estaba destrozada, estaba sola y acabé volcándome en las drogas y el alcohol y tuve intento de suicidio. Sabía que quería salir pero no sabía cómo salir”.

Datos clave

El consumo de contenidos pornográficos en Internet durante el año de la pandemia se ha visto incrementado en más de un 60%.
Fuente: El Plural

El 25% de los niños entre 12 y 13 años ven porno y la cifra se eleva al 66% entre los jóvenes de 16 y 18 años.
Fuente: ABC sobre el estudio “Adolescencia, Tecnología, Salud y Convivencia”, elaborado por la Fundación Barrié

Los delitos sexuales se han incrementado un 35,5% en 2021 respecto a 2020, alcanzando un total de 3.960 condenados. El 97,9% de estos condenados por delitos sexuales son varones.
Fuente: Instituto Nacional de Estadística

Los delitos sexuales cometidos por menores entre 14 y 17 años han aumentado un 27,7% en 2021 respecto a 2020.
Fuente: Instituto Nacional de Estadística

El primer acceso a contenidos pornográficos en Internet se anticipa a la etapa infantil y a edades tan tempranas como los 8 años.
Fuente: estudio “Nueva pornografía y cambios en las relaciones interpersonales” de Lluís Ballester y Carmen Orte

Durante los meses de confinamiento mundial por la pandemia se ha disparado en un 300% el aumento de las solicitudes para trabajar como modelo sexcam.
Fuente: La Vanguardia

Dos niños autores de la violación y el asesinato de una niña habían descubierto los vídeos pornográficos en los móviles de sus padres.
Fuente: The Times of India

Los efectos del consumo de pornografía en las relaciones, la sexualidad y el cerebro

La pornografía fomenta la violencia contra las mujeres y niñas

En la pornografía el hombre es el sujeto y sus deseos siempre se ven satisfechos, mientras las mujeres o niñas son deshumanizadas y su deseo o consentimiento es irrelevante. Mónica Alario, además, explica cómo el “no” de las mujeres siempre aparece intencionalmente en los vídeos para después ser ignorado. El “no” de las mujeres tiene una función política relacionada con el poder, está ahí para no ser respetado, está ahí para dar la sensación de poder a los hombres. Arrebata a las mujeres el derecho a poner límites al acceso a sus cuerpos. Por ello la pornografía niega un derecho fundamental a tener una vida libre de violencia en la medida que sus límites jamás son respetados. De forma continua la pornografía invisibiliza y normaliza la violencia como si fuera sexo. Al final, lo que se entiende de la pornografía es que las mujeres no quieren pero al final disfrutan y que es legítimo usar la presión, insistir y usar la coacción, el chantaje y la violencia para conseguir satisfacerse.

La pornografía es adictiva

El consumo de pornografía es adictivo, provoca problemas neurológicos debido a la sobreestimulación del sistema de recompensas de nuestro cerebro, del mismo modo en que operan las drogas. Su visionado produce una descarga de dopamina, lo que provoca una dependencia cada vez mayor, generando un deseo creciente de consumo y una fuerte insatisfacción cuando este deseo no se ve satisfecho. Los casos de pacientes que necesitan tratamiento para la adicción a la pornografía están creciendo exponencialmente. De forma similar a las redes sociales, la adicción es una consecuencia buscada de forma deliberada por la industria pornográfica para crear una base clientelar fiel, razón por la cual las imágenes buscan cada vez ser más violentas.
Fuente: Fight The New Drug

La pornografía impacta negativamente en las relaciones sexuales

Los consumidores de pornografía tienden a reportar niveles de satisfacción menores en sus relaciones sexuales, tienden a tener un compromiso menor con sus parejas sentimentales y suelen cometer más infidelidades. Las parejas de los consumidores de pornografía también reportan menores niveles de autoestima, una calidad relacional más baja y mayor insatisfacción sexual. La pornografía puede provocar o empeorar problemas con la pareja. Los consumidores de pornografía tienen el doble de probabilidades de cortar la relación o divorciarse.
Fuente: Fight The New Drug

La pornografía produce disfunción eréctil en chicos adolescentes y hombres

A nivel fisiológico, muchas investigaciones han señalado que existe una relación significativa entre el consumo de pornografía y el empeoramiento de la función erectil, haciendo que chicos y hombres experimenten dificultades para excitarse y tener una erección durante las relaciones con sus parejas sexuales. Según una investigación, solo el 65% de los hombres dijo que el sexo con su pareja le parecía más emocionante que ver pornografía. El 20% dijo que necesitaba ver contenidos pornográficos cada vez más extremos y violentos para alcanzar el mismo grado de excitación sexual.
Fuente: Infosalus 

Campañas de sensibilización

└ Fight The New Drug

Fight The New Drug (FTND) es una organización sin ánimo de lucro, no religiosa y no legislativa destinada a sensibilizar a la sociedad sobre los efectos del consumo de pornografía, proporcionando información al respecto basada únicamente en la ciencia, los hechos y relatos personales. 

└ Culture Reframed

Culture Reframed es una organización dedicada a ayudar a las familias en la educación de sus hijos e hijas adolescentes ante la hipersexualización de la era digital y el fácil acceso a contenidos pornográficos a través de Internet.

└ Exodus Cry

Exodus Cry es una organización que lucha contra la explotación sexual y todas sus formas de comercialización. En sus vídeos exponen el funcionamiento real de la industria pornográfica.

└ Diputación Provincial de Cádiz

El Área de Igualdad de la Diputación Provincial de Cádiz presenta la primera campaña sobre educación sexual que responsabiliza a la industria de la pornografía, realizada por Yolanda Domínguez.

└ Truth About Porn

Truth About Porn es una base de datos que agrupa y divulga una gran cantidad de investigaciones y artículos científicos para sensibilizar sobre los efectos nocivos del consumo de pornografía. 

Conferencias online

└ Presentación de “Pornografía. El placer del poder”, de Rosa Cobo

Rosa Cobo enmarca la pornografía como un fenómeno social global que impacta en cómo se está resignificando la feminidad y masculinidad normativa. El consumo masivo de pornografía está creando una nueva subjetividad donde la idea de poder tiene un espacio central. Rosa expone cómo la pornografía no habla de sexualidad sino de poder, pero se alimenta de esta primera. En esta conferencia se expone cómo la pornografía no tiene que ver con la gratificación sexual sino con un acto de poder donde se erotiza el poder que ejercen los hombres sobre las mujeres.

└ La cultura de la pornografía y la violencia contra las mujeres, de Esther Torrado

La socióloga Esther Torrado explica cómo la investigación social feminista teoriza la construcción de la violencia simbólica contra las mujeres a través de la industria pornográfica y repasa las evidencias empíricas que vinculan un consumo adicto y precoz de pornografía con la demanda de prostitución y la falta de empatía relacional y sexual de los hombres.

└ Growing Up in a Pornified Culture, de Gail Dines

La cultura popular nos bombardea con imágenes hipersexualizadas de mujeres y hombres idealizados, transmitiendo mensajes poderosos que ayudan a moldear la sexualidad. Gail Dines explora cómo la masculinidad y la feminidad están moldeadas por imágenes pornográficas y cómo éstas impactan en la construcción de la sexualidad de los y las adolescentes.

└ Pornografía, escuela de violencia sexual, de Mónica Alario

¿Cómo es posible que los hombres estén aprendiendo masivamente a excitarse ejerciendo violencia contra las mujeres y niñas? En esta conferencia de la XIX Escuela Rosario de Acuña, Mónica Alario, autora de “Política sexual de la Pornografía”, aborda la construcción del deseo masculino a través de la pornografía y cómo este colabora directamente con la reproducción de la violencia sexual. En esta conferencia se explican cuáles son las estrategias que se ponen en juego en la pornografía para reproducir la violencia sexual, el objeto central de la pornografía y cómo ésta está borrando la línea que separa el sexo de la violencia sexual.

Documentales de referencia

└ PornoXplotación, de Mabel Lozano

La pornografía se ha incorporado a la vida cotidiana y convertido en una industria asequible, accesible, anónima, aceptada y agresiva que constantemente necesita contenidos nuevos y cada vez más fuertes, carne fresca para satisfacer los deseos de consumidores adictos. ¿A costa de qué se graban y visionan miles de escenas cada día? ¿Existe el consentimiento solo con la presencia de una cámara? ¿Quién está y por qué a cada lado de la pantalla? PornoXplotación es una llamada de atención, a partir de distintos testimonios de afectados en primera persona, sobre el elevado precio que se paga por el porno a los dos lados de la pantalla –por quienes lo protagonizan y quienes lo consumen– y el peligro para futuras generaciones: expone la realidad de una industria opaca y explotadora para terminar con el tópico de la voluntariedad en la mayoría de los casos.

└ Hot Girls Wanted

En el documental Hot Girls Wanted de Netflix se muestra este proceso de reclutamiento, el proceso de endurecimiento de las demandas, la coacción, daños físicos… Los proxenetas utilizan los social media para reclutar mujeres jóvenes, adolescentes, con ofertas de modelaje. Les pagan el viaje y alojamiento para la primera sesión. Las promesas son de fama y dinero por hacer de modelo. Los likes van subiendo y los proxenetas van ofreciendo otros trabajos donde cada vez los límites se van traspasando poco a poco mientras a ellas les ofrecen más dinero. Así van siendo explotadas sexualmente. Van incrementando la violencia en las sesiones y van pasando por diferentes contenidos de las categorías pornográficas hasta que son derivadas a la prostitución.

└ Ciberinfierno: la investigación que destapó el horror

En este documental se narra cómo se destapó uno de los mayores casos de explotación sexual de mujeres para uso pornográfico en Corea del Sur donde se detuvieron a más de 3.700 hombres y se terminaron condenando a más de 240. Los agresores usaban tácticas de intimidación y chantaje para conseguir material para alimentar una red de salas de chat online.

Libros para profundizar

└ Pornland: How Porn Has Hijacked Our Sexuality, de Gail Dines

Sorprendentemente, la edad promedio para ver pornografía por primera vez es ahora de 11,5 años para los niños, y con la llegada de Internet, no sorprende que los jóvenes estén consumiendo más pornografía que nunca. Y, como muestra Gail Dines, el porno de hoy es sorprendentemente diferente al Playboy de antes. A medida que la cultura porno ha sido absorbida por la cultura pop, una nueva ola de empresarios está creando pornografía que es aún más dura, violenta, sexista y racista. Demostrando que la pornografía insensibiliza y en realidad limita nuestra libertad sexual, Dines argumenta que su omnipresencia es un problema de salud pública que ya no podemos ignorar.

└ Política sexual de la pornografía, de Mónica Alario

¿Qué es la pornografía? ¿Una representación del sexo? ¿Violencia sexual? ¿Educación sexual? ¿Qué efectos tiene sobre las mujeres y sobre los hombres el consumo de pornografía? ¿Y el hecho de vivir en una sociedad con una cultura en la que la pornografía es parte del día a día? Estas son las preguntas que se plantea Mónica Alario Gavilán en su extenso y completo análisis, teórico y empírico, de la pornografía que consumen millones de personas, mujeres y hombres, en Internet. Utilizando el marco teórico del feminismo radical, Alario investiga los mensajes, ideales y normas que establece y reproduce la pornografía. Lo que en un nivel superficial puede parecer una mera representación del acto sexual esconde en realidad un discurso basado en la violencia de los hombres contra las mujeres, una sexualidad masculina basada en la dominación, y una educación sexual que reproduce sexualidades masculinas y femeninas en que las mujeres adoptan el rol de objeto sexual para la satisfacción de los hombres. Alario Gavilán ofrece en esta obra brillante una muy buena base para combatir teóricamente, pero también en la praxis política, el pilar del patriarcado que es actualmente la pornografía.

└ Pornografía: el placer del poder, de Rosa Cobo

Con esta obra, la feminista y académica Rosa Cobo relata una breve historia sobre los orígenes de la pornografía, al tiempo que pretende despertar conciencias y alertar sobre los efectos del consumo de pornografía, así como sobre su efectividad a la hora de construir un discurso y un imaginario de violencia misógino. Además, el libro también aspira a visibilizar y advertir sobre la relación directa que existe entre pornografía y prostitución.