El pasado 19 de mayo, Andrés Roche Cerón acabó brutalmente con la vida de su expareja en la calle, a plena luz del día, en Figueres, en un crimen que horrorizó al país. Andrés Roche Cerón es un hombre con una larga trayectoria de antecedentes de violencia: el día anterior, un juez lo había dejado en libertad a pesar de haber sido condenado por maltrato y haber quebrantado la orden de alejamiento vigente respecto a la víctima, un chico hondureño de 33 años que se hacía llamar Kimberli.
A raíz de los hechos, Feministes de Catalunya publicó un mensaje en las redes con una condena explícita del crimen y una exigencia de responsabilidades al sistema judicial por no proteger a la víctima. Cuando la prensa se hizo eco del hecho de que se trataba de un chico, publicamos un segundo mensaje condenando los hechos, exigiendo igualmente responsabilidades al sistema judicial que no lo protegió, y recalcando que no se trataba de un feminicidio.
Este segundo mensaje ha despertado una campaña de insultos, difamación y amenazas, a través de una carta abierta instigada por Ca la Dona, una entidad financiada con más de medio millón de euros de dinero público en los últimos 5 años, a la que se han sumado diversas entidades transactivistas, algunos sindicatos y algunos partidos políticos, uno de ellos en el gobierno del Estado. En esta carta, las organizaciones firmantes nos acusan de discurso de odio y anuncian acciones legales e institucionales contra nuestra asociación. Consideramos especialmente grave que sindicatos, partidos políticos y asociaciones profesionales que se reivindican progresistas instrumentalicen un crimen tan brutal para atacar a una asociación feminista que discrepa de los postulados transgeneristas, que exige rigor en el tratamiento informativo de la violencia machista y que se muestra crítica con un recuento oficial de feminicidios que deja fuera a muchas mujeres asesinadas por hombres fuera del contexto de la pareja.
Sobre el fondo de la cuestión
Feministes de Catalunya somos una organización progresista sin ánimo de lucro que lucha contra todas las formas de explotación y violencia contra las mujeres. Nuestro trabajo es completamente altruista y nunca hemos recibido ningún tipo de subvención de ninguna administración. Defendemos que las mujeres somos las personas de sexo femenino, que los hombres son las personas de sexo masculino, y que el sexo es una realidad biológica que no se puede modificar.
Como feministas, sabemos que la opresión que sufrimos las mujeres tiene como base nuestro sexo biológico, y que se articula y se perpetúa a través del género, entendido como el conjunto de roles, normas y expectativas que la sociedad impone a las personas en función de su sexo. El género no es una identidad individual: es el mecanismo colectivo mediante el cual se justifica y se reproduce la subordinación de las mujeres a los hombres. Eliminar el sexo como categoría de análisis y sustituirlo por identidades individuales sentidas no es un avance para las mujeres: difumina las causas estructurales de nuestra opresión, vacía de contenido el feminismo como movimiento político e impide hacer un diagnóstico riguroso de las desigualdades entre hombres y mujeres. Sin datos desagregados por sexo, no hay política pública que pueda ser eficaz.
Nuestra calificación del caso de Figueres se fundamenta en la legislación vigente, dado que la Ley Orgánica 1/2004 de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género define explícitamente que el sujeto pasivo de este tipo de violencia es la mujer, y que las medidas de protección están diseñadas para ella. La víctima de este terrible crimen era un hombre, un hombre al que el sistema judicial no protegió. Aplicar la ley con rigor no es negar la gravedad del crimen: es la condición necesaria para defender con eficacia a las mujeres que sufren violencia machista.
Afirmar que el sexo es una realidad biológica inalterable no es un discurso de odio: es una posición legítima, amparada en la libertad de expresión, que tenemos derecho a sostener públicamente y sin coacciones, y que ninguna amenaza ni presión institucional nos puede retirar. Nuestras posiciones pueden no ser compartidas, pero son igualmente merecedoras de respeto en un estado de derecho y en una sociedad democrática.
Antipunitivismo para los agresores, amenazas para las feministas
La reacción que han provocado nuestros mensajes en redes nos resulta francamente sorprendente. No se ha iniciado ninguna carta abierta exigiendo responsabilidades al juez que liberó a Andrés Roche Cerón, ni a los jueces que dejan en libertad sistemáticamente a agresores violentos, incluso cuando estos se saltan órdenes de alejamiento vigentes. Este año en España, 7 mujeres y una niña han sido asesinadas por hombres a pesar de haber denunciado y contar con órdenes de protección vigentes.
Aún es más sorprendente esta reacción cuando viene por parte de entidades a las que no vemos nunca iniciar cartas pidiendo que las mujeres asesinadas por hombres que no son sus parejas o exparejas formen parte del cómputo oficial de feminicidios. Esta reivindicación formaba parte del mismo mensaje en redes de Feministes de Catalunya que condenaba el crimen y que ha generado tanta indignación, pero esta segunda parte ha sido convenientemente ignorada.
Este año, en Cataluña, además de las víctimas contabilizadas oficialmente, han sido asesinadas o gravemente agredidas mujeres por hombres de su entorno, como hermanos, hijos, vecinos o compañeros de trabajo y de vivienda: una chica de 20 años en Calella, atacada por su pareja el 8 de enero y en muerte cerebral desde entonces, sin que tengamos confirmación de si continúa en el mismo estado; Vanessa, de 19 años, asesinada en L’Hospitalet de Llobregat el 22 de enero por un compañero de piso; Elena, de 53 años, asesinada en Lleida el 25 de enero por Mario Casteràs, un asesino reincidente que era su compañero de piso; y una mujer china de 41 años apuñalada en la calle en Esplugues de Llobregat.
Desde Feministes de Catalunya hacemos un seguimiento semanal exhaustivo de toda la violencia machista en el Estado y llevamos tiempo señalando la inoperancia de los sistemas de protección a las víctimas, desde la investigación y desde la denuncia pública, sin recibir ninguna subvención y de forma completamente altruista. Este es el trabajo concreto que hacemos. Sorprende, pues, que seamos nosotras el blanco de los colectivos firmantes, que a menudo se llenan la boca hablando de antipunitivismo cuando se trata de los agresores, pero que cuando se trata de asociaciones feministas que simplemente discrepamos de sus postulados, el antipunitivismo se convierte en amenaza, intimidación e intentos de silenciamiento.
Sobre las amenazas
Anunciar acciones legales e institucionales para silenciar a una asociación feminista que ha expresado una opinión sobre la calificación jurídica de un crimen es una reacción injustificable y preocupante. No porque nos dé miedo: tenemos nuestras posiciones bien fundamentadas y las defenderemos donde haga falta. Sino porque revela una voluntad de resolver las discrepancias sobre el significado del sexo y el género de diferentes espacios políticos y sociales en Cataluña por la vía de la intimidación, en lugar de hacerlo por la vía del argumento.
Es profundamente misógino y contradictorio que organizaciones que se presentan públicamente como aliadas de las mujeres movilicen sus estructuras para acosar y silenciar a mujeres organizadas que ejercen su derecho legítimo a expresarse y a discrepar. Quien utiliza un crimen brutal como pretexto para atacar a feministas no está defendiendo a las víctimas: está haciendo política a su costa.
Las mujeres hemos sufrido históricamente este tipo de presiones por hablar cuando no tocaba, por nombrar lo que no se quería nombrar, por hacer preguntas que incomodaban. Sabemos cómo funciona. Y sabemos que cuando se sustituye el argumento por la amenaza, lo que hay detrás suele ser la incapacidad de sostener la posición en el terreno del debate.
Las amenazas no nos harán callar. Continuaremos diciendo lo que pensamos, investigando, documentando y denunciando la violencia que sufrimos las mujeres, y exigiendo medidas efectivas para combatirla. Con rigor, con respeto y sin pedir permiso.
Mayo de 2026, Feministes de Catalunya


L'HOMICIDI de Figueres s'hagués pogut evitar.
— Feministes de Catalunya (@feministes_cat) May 20, 2026
És responsabilitat d'un sistema que no protegeix les víctimes i s'ha d'exigir responsabilitats al jutge que va deixar en llibertat l'assassí, però NO ÉS UN ASSASSINAT MASCLISTA.
Un home homosexual ha assassinat la seva exparella. Que… pic.twitter.com/wZYnOBqZeO