Escrito por Silvia Carrasco
Hace 50 años, en mayo de 1976, solo seis meses después de la muerte de Franco y aún bajo una fuerte represión, más de 4000 mujeres se reunieron en el Paraninfo de la Universidad de Barcelona para celebrar las primeras Jornades Catalanes de la Dona. Con una media de 500 asistentes a cada sesión y desbordando el aforo, sentadas en el suelo por pasillos y laterales, como vemos en las imágenes del momento. Recuperando y actualizando ideas y palabras feministas, las jornadas denunciaron las infames injusticias del franquismo contra las mujeres y proclamaron, bien alto y claro, que no estaban dispuestas a ocupar nunca más un segundo plano, ni en la lucha política ni en la sociedad que debía construirse.
Las chicas que, como yo, estrenábamos los 16 años y pasábamos de la infancia a la adolescencia con toda la efervescencia de la edad coincidiendo con las esperanzas desatadas y la alegría reivindicativa del inicio de la Transición ya no tendríamos freno. O eso pensábamos y pensaban también nuestras madres, las de las familias antifranquistas que habían tenido que aguantar cuarenta años de condena y las que iban tomando conciencia con el aire combativo de los tiempos. Mi madre había vivido a la misma edad otro momento histórico que abría inesperadamente las oportunidades para una hija de trabajadores del textil con una pasión vital por la cultura y la educación, pese a las resistencias conservadoras nacional-católicas y la ola fascista que asolaba Europa y se infiltraba en España. Huelga decir que había proyectado en mí el empuje para hacer posible todo aquello que la derrota de la II República le había arrebatado, como mujer y como trabajadora. Todo lo que llegaba de lo que inauguraron las jornadas era un nuevo aliento largamente esperado.
Las jornadas tuvieron un éxito inaudito. Acudieron mujeres de muchos entornos diversos. Mujeres que formaban parte de organizaciones políticas y sindicatos clandestinos, asociaciones de vecinos (aún no se llamaban también de vecinas) y asociaciones culturales y cívicas que camuflaban bien otras actividades y permitían llevar esa doble vida habitual de los perdedores de la guerra. Merece la pena releer los debates y las ideas de aquellas jornadas, tanto las que generaban consensos transversales, como las que impidieron, al fin y al cabo, crear un movimiento feminista unitario en torno a experiencias, intereses y clamores compartidos. Dificultades a las que se añadían las tensiones tempranas con los partidos políticos, que se otorgaban la representación de esas ideas y demandas, aunque a la hora de la verdad, entonces, como ahora, quedaban siempre relegadas -nunca era el momento oportuno-, o bien eran la primera moneda de cambio a sacrificar.
Revisando los textos de las ponencias y las resoluciones, es desolador comprobar que todavía están plenamente vigentes muchas cuestiones, a pesar del cambio profundo del marco legal y el contexto social de estos 50 años. Entre otras, la persistencia de la brecha salarial, la feminización de la precariedad a lo largo de la vida, o la violencia machista en todas sus formas. Estas décadas también nos han mostrado, por ejemplo, que el acceso masivo a más educación que los hombres no se traduce en mayor conciencia política feminista ni en mayor poder real. Hemos podido constatar, además, cómo el patriarcado reacciona a los avances en igualdad entre mujeres y hombres y se reinventa con nuevas y poderosas máscaras, en alianza con el individualismo y la mercantilización de la vida del capitalismo neoliberal, que nos afectan de lleno.
Quien nos iba a decir entonces que también viviríamos el primer retroceso en derechos después de tantos años de democracia con importantes, aunque frágiles, políticas de igualdad. No podíamos imaginar que nos someterían nuevas leyes que borran a las mujeres como realidad material y como sujetos políticos de nuestra propia lucha. O que seríamos objeto de censura, difamación y persecución, tanto por parte de la resistencia patriarcal de la derecha como de quienes teóricamente habían asumido nuestras reivindicaciones para transformar la sociedad. Que deberíamos hacer frente a una infiltración dentro del movimiento que intenta dar la vuelta y re-significar la agenda feminista construida y consolidada a lo largo de tres siglos para reducirnos a identidades, mientras presenta la explotación sexual y reproductiva como empoderamiento y altruisme, reforzando así los privilegios de los hombres y de los ricos.
Este próximo 30 de mayo, el Paraninfo de la Universidad de Barcelona acogerá la conmemoración de los 50 años de las I Jornades Catalanes de la Dona, y haremos de este nuevo encuentro otro evento clave en la historia del movimiento feminista en Cataluña. La Comisión Movimient de Dones Feministes y el Partido Feministas en el Congreso (PFAC), nos proponen una Jornada para establecer nuevos consensos y un programa de trabajo político y social de interpelación y movilización. Allí nos encontraremos muchas mujeres que lideraron la lucha en la Transición, las que lo hacemos ahora, y las que ya están tomando el relevo, desde la reflexión y la experiencia compartida.
¡No podéis faltar! ¡Mujeres, en lucha, ahora más que nunca!
La Jornada es gratuïta pero requiere inscripción previa por cuestiones de aforo, a través de la web oficial: www.50anysjornadesdones.cat
Programa de la Jornada: https://www.50anysjornadesdones.cat/programa/