Categorías
Opinión

El abuso a los menores que se esconde en la ley “trans” en España

Comenzaré con un pequeño poema de Emily Dickinson, el poema número 108 de su obra Poesía completa (Barcelona: Tusquets):

“¡Los cirujanos tienen que ser muy prudentes

al tomar el cuchillo!

Debajo de sus finas incisiones

palpita el culpable – ¡la vida!”

El 26 de septiembre del año 2023 fueron invitados al Senado francés Silvia Carrasco y José Errasti para presentar sus ideas acerca de la llamada “ley trans” que el Senado debería aprobar posteriormente.

Silvia Carrasco es profesora titular de Antropología de la Universidad Autónoma de Barcelona y presidenta de Feministes de Catalunya. Además de sus múltiples publicaciones ha coordinado la investigación y el libro La coeducación secuestrada, una crítica feminista de la penetración de las ideas transgeneristas en la educación (Barcelona: Octaedro). Ha sufrido reiterados boicots y cancelaciones, además de la persecución de los activistas trans cerrándole el paso a la entrada del aula donde impartía sus clases del grado de Antropología, acusándola de transfobia. José Errasti, profesor titular de psicología de la Universidad de Oviedo, ha escrito, junto con Marino Pérez el ensayo Nadie nace en un cuerpo equivocado (Barcelona: Deusto). Estos dos autores también fueron amenazados por los transactivistas con incendiar la librería en la que se hacía la presentación de su libro en Barcelona y las fuerzas del orden tuvieron que desalojar el lugar al numeroso público presente y a ellos mismos, “para evitar conflictos” y daños mayores. Hasta ese punto el transgenerismo en España tiene poder de censura, apoyándose en las leyes contra los delitos de odio que incluyen la llamada “transfobia”. Y nadie del gobierno ha llamado a los mencionados autores para informarse, tal como hizo el Senado francés.

Las consecuencias de la ley “trans” para los menores es lo que quiero considerar aquí. Y no caer en la trampa que nos tienden los ideólogos del transgenerismo para impedir toda discusión sobre el tema, acusando a quien la intenta de faltar a los derechos humanos de los transexuales a los que incluyen en la extraña etiqueta LGTBI+, y ocultan que ya en España se implementan esos derechos sobre todo desde la presidencia de José Luis Rodríguez Zapatero, como, por ejemplo, la ley que permite el matrimonio entre personas homosexuales.

Los psicoanalistas, por nuestra parte, no tenemos ningún prejuicio en cuanto a las elecciones sexuales simbólicas o imaginarias de nuestros analizados y las distinguimos de otras formas del malestar que los aqueja. Y aunque esta introducción era necesaria, dejemos por un momento a los adultos y sus elecciones y vayamos a lo que quiero señalar. 

La doctrina queer, adoptada por los ideólogos de la llamada identidad de género, que se ha infiltrado, y no sólo en España, en la educación, en la justicia y en la sanidad, sostiene que el sexo es un constructo cultural, negando el dimorfismo sexual de cromosomas y gametos para mujeres y hombres. Por eso hablan del “sexo sentido”, sexo que se puede sentir y por tanto inscribir en el documento nacional de identidad cuando uno quiera. Sería un “derecho humano” como sostiene la ley trans. Pero luego mezclan indiscriminadamente género y sexo. El sexo sería “asignado” perversamente, por el “heteropatriarcado”, cuando el bebé nace, en lugar de un observable biológico evidente. Y no se dan cuenta, puesto que lo fomentan, de que el género son los estereotipos que la sociedad adjudica como normales a los sexos masculino y femenino. Y aquí viene el problema: adultos supuestamente de “izquierda” amantes del progreso, consideran que el niño o la niña pueden “desear” ese cambio de sexo desde pequeños y hay que aceptar esa demanda.

En París se ha creado el Observatoire de la Petite Sirène, un colectivo multidisciplinario de profesionales de la infancia, médicos, psiquiatras, psicoanalistas, psicólogos, magistrados… para analizar los discursos ideológicos sobre y niñas, niños y adolescentes y publican en su web estas investigaciones, además de haber organizado ya dos importantes congresos con los mayores especialistas mundiales sobre los malestares con el cuerpo sexuado que manifiesta un número creciente de ellos y, sobre todo, de ellas. 

En España tan sólo algunas asociaciones feministas, entre las cuales Feministes de Catalunya, y autores individuales (recientemente el psicoanalista Manuel Baldiz ha publicado Transexuales, transgénero: análisis, causas y consecuencias, Barcelona: S&P) hacen estos análisis, ya que las penas por expresarse sobre este asunto pueden ir desde las multas y el bloqueo en las redes hasta la pérdida o las dificultades en los puestos de trabajo. No se ha querido escuchar a los Colegios de Médicos, de Psiquiatras y de Pediatras que sí se han pronunciado sobre la cuestión porque se sostiene que no hay que “patologizar a los trans” que, sin embargo, a causa de esta ideología, terminan fuertemente medicalizados y hormonados. 

El Partido Socialista, mayoritario en el gobierno, no ha hecho ninguna propuesta de modificar la ley trans, porque necesita el apoyo de otros partidos para gobernar (sobre todo los que supuestamente se sitúan a su izquierda), a pesar de que países como el Reino Unido, Suecia, Finlandia, Noruega, y otros ya han retrocedido respecto de la medicalización de los menores, incluso en Canadá se están revisando estos tratamientos a la luz de la investigación que confirman la posición del Informe Cass.

Interesantes son en Francia los libros de Caroline Eliacheff y Céline Masson, La fabrique de l’enfant transgenre, traducido al español pot Deusto, así comoLa disphorie de genre, de Charles Melman entrevistado por Jean Pierre Lebrun, que se refieren particularmente al fenómeno trans, aunque ya en 2020 Genèvieve Morel escribió sobre las Ambiguïtés Sexuelles, publicado por Anthropos (aún no traducido).

En el año 2019 presenté, en una Jornada de la Fundación Europea para el Psicoanálisis en este mismo Ateneo, una ponencia titulada “El destino de la anatomía”. En esa ocasión, una colega me acusó de no defender a los homosexuales, tal es la confusión que reina en este tema. Allí planteaba mi preocupación, que ha ido aumentando con los acontecimientos, por las modificaciones de las leyes que permitían la disminución de la edad para elegir la mal llamada “autodeterminación de género”. Es decir, un cambio de nombre en los menores de 12 años y del dato relativo al sexo a partir de los 16, en lugar de los 18 años, en el documento nacional de identidad. Un adolescente no puede votar a los 16 años, no puede comprar alcohol en un bar, pero puede decidir arruinar su cuerpo y su goce sexual para toda la vida con la hormonación que viene a continuación de la autodeterminación de sexo. Y más adelante, aún, si así lo quiere, puede someterse a crueles operaciones.

Ya por aquel año, “expertos en género” formados en universidades públicas llamaron a los padres de una niña, a causa de expresiones copiadas de su maestra, como “sentirse incómoda en su cuerpo”. Les dijeron sin más que era conveniente que le cambiaran el nombre – de Carla a Carlos, por ejemplo – y que la vistieran como un chico, con corte de pelo correspondiente, según sus ideas patriarcales de cómo debe vestir un chico. A la niña le dijeron que no se preocupara porque era un niño con vagina, y que eso tenía solución. Este es un “protocolo” que estos “expertos” siguen siempre, ignorantes de la bisexualidad inconsciente de la infancia. Y por supuesto, ignorantes o deliberadamente opuestos al psicoanálisis. Incluso ignorantes de las teorías de Robert Stoller, psicoanalista y psiquiatra que en los años 60 lamentablemente incluyó la palabra género (gender) en el psicoanálisis.

Actualmente, la madre de esta niña, a la que conozco a través de otras personas, ya le ha cambiado el nombre en el DNI con ayuda de un juez, y seguramente piensa darle pronto los bloqueadores de la pubertad (o castradores químicos). Es el primer paso que se adopta antes de pasar a la hormonación cruzada, que provocará el cambio de voz y el crecimiento de su clítoris, y tal vez a operaciones peores en su adultez, como la mastectomía y la histerectomía. Ante casos como éste, y son cada vez más, cualquier expresión de duda o de prudencia puede ser catalogada y denunciada como “terapia de conversión”. Los herejes serán denunciados como partidarios de la derecha, que también opinan que el sexo es biológico y no un constructo, pero que son antifeministas, promueven donde gobiernan la prohibición del aborto y de los matrimonios entre personas del mismo sexo, y niegan la violencia machista.

Sostengo que esta ideología actúa de manera abusiva respecto de los menores, generalmente a través del deseo a veces inconsciente, de la madre, o de los padres, aunque el padre muchas veces parece una comparsa. Nuestra colega de la Fundación Europea para el Psicoanálisis Alejandra Ruiz ha escrito un trabajo excelente (en Palavração, 8, 2025) sobre el conocido “caso Luana”, en Argentina, donde queda patente que es la madre la que quiere convertirse en el centro de la atención mediática y el niño apenas habla. De hecho, ya se ha rodado una película sobre el caso con el título Yo nena, yo princesa (2021) que fueron, al parecer, las cuatro palabras que a la edad de dos años Manuel le respondió a su madre cuando esta le descubrió jugando con sus vestidos. En 2013 y con solo seis años, Manuel ya pasó a llamarse oficialmente Luana y a convertirse en la “primera niña trans del mundo en tener un documento oficial acorde a su identidad de género”, y como recogieron todos los medios, fue “gracias a la lucha de su madre”.

El libro de Eliacheff y Masson y la entrevista a Melman analizan el documental Petite fille (2020), que Charles Melman considera un falso documental, minuciosamente preparado ¿Es realmente necesario acceder a la demanda de un niño o niña que dice querer cambiar de sexo, la mal llamada “identidad de género”? ¿Cómo pueden tener esa idea si no la han escuchado? ¿Cómo pueden pensar que las hormonas lograrán ese cambio si los adultos no se los han sugerido?  Tampoco se informa a los padres sobre los efectos secundarios de la hormonación.

Las madres que por un supuesto amor a sus hijos quieren acceder a su demanda, pueden haberla provocado, aunque sea de manera inconsciente. Así, cierran la interrogación que los niños espontáneamente se hacen respecto de la diferencia y el deseo sexual. Impiden así su enfrentamiento con la castración simbólica, nombre psicoanalítico que damos al proceso de enfrentarse con el problema de la identidad sexual y a la elección de objeto de amor: qué hacer con la propia masculinidad o femineidad. No existe, como dice Winnicott, un niño aislado. Sabemos que adviene al deseo gracias a sus padres y su familia, y su deseo inconsciente es el que les llega de su entorno y de su cultura desde el nacimiento. Tiene que pasar por el proceso de alienación/separación del deseo materno, lo cual le es impedido por una dejación de la función paterna simbólica que posibilita al hijo su paso a la adultez. Nadie nace en un cuerpo equivocado, ni tampoco con una identidad sexual definida. En la vida, a través de la infancia y la adolescencia, se formará su ética y tendrá que efectuar sus elecciones no sólo sexuales sino sus ideales. 

Los desarrollos científicos, en su evidente omnipotencia, pretenden pasar por encima de estos procesos. ¿Por qué el individuo no podría elegir su género, negando el sexo? Los padres que aceptan sin dudar estos protocolos dejan a su hijo desamparado (como sostiene Baldiz) ante el dilema humano de la sexuación y de lo real imposible que esta comporta. 

La teoría del transgénero ya ha impuesto el cambio de sexo en el documento de identidad a partir de los 16 años. Lo que implica también el cambio de nombre de pila. Al nombre anterior se lo llama “dead name”, nombre muerto. Creyendo que renegar el nombre dado por los padres es subversivo, desconocen la importancia subjetiva que ese tiene ese don simbólico. Después del cambio de nombre vienen los bloqueadores de la pubertad, que algunos jueces permiten recibir antes de la edad estipulada. El niño o niña queda, de allí en adelante, esclavizado por tratamientos hormonales, (pagados por un Estado que no ha sido capaz de hacer llegar el salario mínimo a todas las familias que lo necesitan), que tienen efectos irreversibles si acaso quieren destransicionar en algún momento posterior. Se oculta a los destransicionadores porque atentan contra este ideario. Pero ya existen casos individuales que han publicado el destrozo de sus vidas. Y es conocida la demanda interpuesta por Keira Bell, cuyo caso contribuyó al cierre de la Unidad de tratamiento de la “identidad de género” de la clínica Tavistock de Londres. Igualmente es posible informarse sobre lo descubrimientos documentados de la pediatra Hillary Cass del Reino Unido en la web de Feministes de Catalunya: https://feministes.cat/blog/resum-recomanacions-informe-cass

Haciendo callar a quienes quieren invertir el proceso, se atenta contra uno de los derechos humanos que dicen defender, la libertad de expresión, lo mismo que en los ataques a las presentaciones de libros. Las hormonas, entre sus efectos irreversibles, producen enfermedades orgánicas, esterilidad, anorgasmia y muchas veces la imposibilidad física de liberarse de ellas al darse cuenta de que los problemas por los que se había consultado, como depresión o angustia, siguen allí. Esos niños serán convertidos en drogadictos para siempre.

Aparte de las explicaciones socioeconómicas sobre la influencia de las grandes compañías farmacéuticas, las ganancias de las clínicas de cirugía, las distintas ramas mercantiles de la globalización, etcétera, quedan planteados varios enigmas de otro tipo. ¿Por qué tantas personas ignoran la diferencia entre defender los derechos sexuales de las minorías y esta ley trans y sus efectos perjudiciales, que no se quieren estudiar?  No se puede discutir, no se puede pensar. Se siguen las ideas de las redes sociales, más bien antisociales, como sabemos. ¿Por qué los pseudo expertos afirman que los niños pueden diagnosticarse a sí mismos y que se les puede conceder el cambio de nombre o la autorización para hormonación, a veces contra la voluntad de los padres? ¿Por qué estos especialistas pueden convencer a los padres, que así se creen defensores de la libertad? ¿Con qué “especie” piensan reemplazar el símbolo +? Lo “trans” invade el espacio semántico; transespecismo, transhumanismo… individuos convertidos en carne de cañón robotizada.

Algunas mujeres que están haciendo cambios en su aspecto para convertirse en “hombres trans” detienen la hormonación en medio del proceso y se inseminan, para tener un hijo. Entonces serán padre y madre a la vez, como en el caso que se pudo observar en un programa filmado en la televisión pública en el que se ve la mirada extasiada de la matrona durante el parto. Esta perversión, este atentado contra la ley de prohibición del incesto, constituye otro abuso sobre el futuro niño. ¿Cómo se responderán estos niños a la pregunta típica de la infancia “de dónde vienen los niños”? El poder de la tecnociencia nos introduce en una novela de ciencia ficción.

Negación del sexo anatómico, borrado de los nombres, desautorización de los padres, eliminación de toda discusión, y toda esta actividad a espaldas de la población que no se entera de las consecuencias, ya que en el parlamento no se ha discutido verdaderamente la ley.

Es de esperar que el actual gobierno de España, influido por los países europeos que han retrocedido, recapacite y permita la discusión. Borrar la diferencia sexual es borrar el Otro sexo, la femineidad, el deseo, la reproducción sexual y la vida misma. La mayor ideóloga de lo queer en España, que ahora binariamente ha elegido el sexo masculino, Paul B. Preciado, lo defiende en su Manifiesto contrasexual que he analizado en “Ideología y exceso”, un texto que presenté en el congreso internacional de la asociación mexicana Grita en el año 2021.

¿Habrá que pensar en un predominio de la pulsión de muerte, desintrincada de la pulsión de vida, como lo expresa Freud, en el sistema socioeconómico actual, al que Yannis Varoufakis llama feudalismo tecnológico, ya que el capitalismo no pudo ser derrotado por los antiguos ideales? 

Dejo abierta la discusión.